Multivoces

junio - 15 - 2012

El 9 de mayo recién pasado, en Santiago de Chile, se produjo un re-encuentro de amigos y  encuentro de poetas. Y digo re-encuentro pues,  antes de irme de viaje a mi tierra, desde Madrid planificamos un encuentro poético en que íbamos a confluir amigas asiduas de la mítica Plaza Ñuñoa: la gran poeta Cristina Chaín y la escritora de culto ( a mi parecer ) Eugenia Prado. En el caso de Eugenia, no la veía desde mi última visita a Chile, por allá en enero de 2010. Con Cristina, llevábamos unos años de no vernos. Con lo cual, como digo, el encuentro dio paso a un re-encuentro con la amistad, los abrazos y las palabras.

Se nos unió también el poeta Diego Ramirez y una joven actriz Mayra Padilla, oriunda de Bolivia que comenzaba a dar sus primero pasos en Santiago de Chile.

Fue una noche temprana, que comenzó con el acomodamiento de las mesas, unos tragos y un breve ensayo de tablas en el caso de la performance que realizaría Mayra.

Le llamamos a este encuentro “Multivoces”, por la particularidad de las distintas voces poéticas: la poesía lárica e infra-realista de Cristina Chaín, un compendio llamado “Todos somos lamotrigina” , los sinuosos y seductores textos  de Eugenia Prado con un trabajo a cuatro manos llamado “Crisálidas”*, Diego Ramirez con “Brian o El nombre de mi país en llamas”  y Sole Molina con algunos poemas de “Pelea” en los que intervino con una performance Mayra Padilla.  El resultado: lo que viene a continuación.

 

* Crisálidas, es un proyecto de escritura entre Eugenia Prado y Diego Ramirez.

 


CrisálidasEugenia Prado

Histeria compartida en tono poético personal
No se cómo voy a hacer
para no enredar los textos
y perder la cabeza
en este mismo instante.

Hablábamos harto de los afectos,
de los cruces,
impostada la voz, nuestra primera vez
de cómo se configura el tercer cuerpo.

Beso / tejido / labio / pequeños roces ruborizados
Cómo iniciar una conversación entre desconocidos
cuando cercada la lengua,
cercado el cuerpo, la boca,
se piensa en lugares que pocos transitan

Paño / tela / carne / huella
cuando se despliega
y deseosa la abierta acóplase
cuando su brecha expande
se nutre, se trenza de costura y carne.

Dos voces y a punto de morir también
me pertenece la boca
y el deseo que de rojo se pinta,
que de rojo se agita.

Soy ese chico sentado sobre el borde,
cuando ella en el tejido busca y husmea
y con solo oler se calma.
Nada en tres días.
Nada de impaciencias.

A punto de morir pero no le digas a nadie,
se pinta los labios de rojo y sueña color rosa pintado
el retrato de una primerísima fotografía.

Me pertenece el pedacito de boca
que asoma lengua y resbala paladar
Me pertenece el deseo que de rojo se pinta
Y sus frutos de vocalitas escarmenadas.
también el chico sentado, pedacito de cielo tan cerquita suyo.

Me pertenece lamer,
cuando busca y husmea
y con apenas oler se calma.
Me pertenece su boca,
que de color rojo palpita
y sella nuestro pacto.

Nada más que de impaciencias nace la criatura,
al menos una de ellas, mientras la otra
mulle finamente y se acurruca.

Tejida la tela del niño,
la madre se mece,
rosa color pintado y pálido
ya estamos en el primer plano de nuestra fotografía.

Histérica una de las madres
me pide a gritos que no pare,
que no me detenga
que no me atreva a cerrar los labios esta vez.

Beso / tejido / labio / pequeños roces ruborizados
Hay un chico desnudo en el medio de su cama
y que también me pertenece
cuando mis recuerdos se parecen a los suyos.
Me pertenece la histeria compartida
cuando revivo mis gestos de niña/niño
mis interminables acomodos.

Me pertenece la histeria,
cuando de tanto en tanto,
luzco fotogramas en la espalda,
y de esos, también es posible asirse a pleno sol.

Con la mirada cielo encuentro y salida,
tus ojos se parecen a los míos.
Sobre nuestro fracaso el deseo crece
susurran cuando mienten
se esquivan, se apartan,
salivadas muerden.

Mis tres cruces sobre palabras perdidas,
para simplemente confirmar que son tres leches
y múltiples susurros de bocas lluviosas
adiestradas en el decir.

Nos pintábamos de deseos y de chicos por las noches,
clandestinos de babosas y rasguños bajo las piernas,
frotándonos contra las persistentes imágenes,
contra una chica comprometida
de pura formalidad, exitosa y maternal.

Fuimos un engendro de parques en peligro
embetunados de babosas asesinas hasta el amanecer
Entonces, sonreíamos con palabras abiertas,
hablo de mis señas, sentimientos y faltas,
de no poder parar porque no hay cómo,
sin desvestir las ideas y desmenuzarlas.

Sobre nuestro fracaso,
el deseo crece.
Son tres leches
y múltiples bocas de besos compartidos.
Sólo es posible una y otra vez
sobre nuestra contradicción,
cuando escribir es ya un fracaso.

Pero nos da tanto miedo porque todo esto no es otra cosa que un arrebato de amor en todos sus gestos. Un salto esta vez sin nombres que se agita como máquina histérica en este festín. Contra los bordes tropiezos bruscos los hurgueteos y una cabeza iniciada de intención. Dónde encontrar el pulso y dejarse arrastrar a todo. No sabes cómo duele verlos temblar. No sabes el terror, sus miedos, cuando se desplazan. Se oxigena mejor desde el mismísimo eje, con la brutal necesidad de traer el cuerpo al frente y marcar finamente sus bordes. Por eso nos gusta la boca y la risa. Nos gusta el pelo, el cuello y la frente, pero sobre todo nos enloquece el escondite. 
A veces no le creo… recojo las vocales de diez en diez y no le creo.

El frío me paraliza la boca y me duele y me encanta que me duela esta noche como varias otras noches, porque ella sabe que detrás de cada mínima palabra, es su historia la que está gimiendo suave, respirando apenas, doliendo lento y por eso puede sentir al chico sentado a su lado y traspasarle ella toda su furia, su pena. Ella sabe que es posible, cuando se escriben, cuando se respiran, cuando ambas callan y se duelen, también es posible desearse, entonces sí que resulta hermoso, que duela, cuando se escribe, tan hermoso el espectáculo de ella sentada al lado de la butaca a punto de llorar sosteniendo cada una de sus lágrimas, conteniendo el pedacito de herida, de cielo, de noche que aclara su mirada por dentro. Vive ella entre dos escenas decapitadas, un instante decapitado, mientras la madre agitada sube y baja las escaleras y se despeina casi al punto de perder elegancia, casi a punto porque muy pronto dejará la madre en ella sus herencias, sus miradas, sus palabras y una elegante sencillez. Y me duele y me encanta que me duela esta noche y que a ambas nos duela toda esta noche.

 

 

Brian o el nombre de mi país en llamasDiego Ramirez

Hagamos un carnaval humano entre el desborde y mi conmoción, cuando no existe cama, no existe nada, inventamos el amor en el piso, es julio, y ese invierno se pega a tus piernas y a mis brazos. Estamos muriendo de amor y de frío, entonces me abrazas, entonces te tengo a mi lado despacito chillando, entonces cuando yo pienso que serás otro chico nuevo para llamar por las noches sin sentido, te inclinas, te la llevas a la boca, sin decirte la descubres y te la llevas a la boca, tienes adiestramiento con esos movimientos rítmicos, y me miras hacia arriba, me miras y ya no bailamos, solo tú bailas con tu boca y con mi cuerpecito extendido en el sobrecogimiento de tu deseo, es increíble Brian, te ves increíble, y entonces cuando cambias radicalmente la declaración es que me enamoro de verdad, cuando brusco la lengua son dientes, cuando una pequeña mordida romántica me deja herida la punta y el cariño. Si, Brian, eras una vampiro arrepentida, te alejas, te arrinconas y levemente una lágrima de seda por tus ojos, eres igual que todos, para esto me querías cierto, para esto me trajiste a este lugar cierto, bien lo lograste, estas feliz cierto, eso era lo que querías. Si, Brian, eso quería y te quería a ti, y quería darte la posibilidad de olvidar tu tristeza hermosa que se te marca en la ropa, el cuerpo y el labio. Brian, no seas tonto, esto es amor y deseo, o como se llame. Brian, yo no te obligo a nada. Brian, sigue que te tengo ganas. Brian, no me dejas así tan iniciado. Eres mi cariño, mi consuelo, mi expatriación. Brian, esa noche, dormimos casi juntos, y enumere tus sueños y los respiros, y te vi llorar y escupirme, esa noche, me di cuenta que eras este poema y que me iba a costar borrarte de las libretitas, del celular, de los correos electrónicos, de las calles, el metro, todos / todos los lugares donde estuvimos, todos los lugares por donde pasaste. Brian, eres mi ciudad, mi nombre y mi deseo.

La valentía para sangrar dos días seguido

Brian, ya no hay sangre, miro tu marquita fatal en los labios y luego los beso como reconciliación e inicio y te prometo que no te va a pasar nada esta noche, confía en mi, aunque no confíes, tratare de cuidarte un poquito de esa marca y del abuso, porque nunca mas me llamaste, y porque nunca mas hablamos, yo pensé que te habías aburrido de mí y yo pensé lo mismo, y entonces a ciegas escapamos a la única disco abierta, los amigos afeminados agitan el ritmo y nosotros casi no bailamos, en un rincón espantoso nos abrazamos, me cuentas que tus mejores notas son en inglés, entonces me traduces el tema nuevo de Shakira rubia que no te gusta tanto y a mi tampoco, los dos la preferimos gordita y colombiana, también me cuentas del trauma escolar, y yo te pido disculpas porque no entendí nada la última noche juntos. Tú me tocas el pelo, mis largas mechas son tuyas, están en tus dedos y después en tu boca, esa imagen es el cierre y la manera de decirte por favor ándate conmigo, encerrémonos en ese desierto blanco que ya conoces, y si quieres muérdeme, y si quieres quiéreme, pero hagamos del estar juntos una posibilidad, y corremos, subimos de ese subterráneo y trafico homosexual que delimita con la iglesia San Francisco, corremos y arrancamos de las travestís maltratadas y celosas que nos gritan cosas, porque aun tenemos las piernas jóvenes y el deseo armadito y formal. No tengas miedo, Brian, de esas jirafas pobres que se suspenden en los autos con formalina. Es un país violento este, arrancamos en un taxi, nos encerramos, volvemos al inicio, mi prueba de amor esa noche, era no tocarte y aprender a resistir de amor durmiendo a tu lado, porque habías estado desde las siete de la mañana vendiendo cubanitos, y entonces morías de sueño, y en mis brazos, por favor.

NOS HACEMOS LOS VALIENTES
PERO ESTAMOS MUERTOS DE MIEDO

Lo único que ha cambiado son nuestros cuerpos,
Esta manera eléctrica en que se nos erizan las formas,
Estas furias inconcebibles,
Que se parecen y no se parecen
A la primera vez que estuvimos juntos.
No fue el miedo lo que se deshizo en tu boca.

 

 

Todos somos Lamotrigina | Cristina Chaín
Mercurio
Litio
Sal
Orilla de este mar que señala la marea anterior. Un brillo lunar sobre el filo de la cruz. Somos borrachos de párpados con fiebre. Vellos incongruentes en torso de niño. Somos esta tarde de luz plana, como si no pasara el horario por este barrio. Deambulamos, trashumamos, succionamos al otro contiguo Yo que nos mira alerta y de frente con el fugaz deseo que transcribimos. Yo soy litio mercurio química explosiva cintura y gas grisú. (pubis angelical suena sin tocar).
Somos ejército de salvación
Soy Enferma Y Enfermera recorriendo el pasillo entre los muertos de agonía.
Soy el sidario. El gemido de su sangre aguada. la médula. quiste vertebrado que no deja de cojearme.
Ustedes son a quienes escribo solo porque tengo un trabajo que paga la arteria que los trae. Solo porque tengo dinero debajo del puente. Si no, estaría repartiendo volantes con este texto limosnero.
Es tanto lo enfermera que estoy, que en mi lugar de trabajo no saben dónde voy cuando voy y es a este banco cesante donde vengo a escribir el cuaderno negro las hojas de espanto.
La plaza y el jardinero no me ven como mi trabajo no me busca y solo soy la cotización mal parida.
Entonces soy loca que sonríe solo para escribirles, ustedes que me recuerdan que hoy olvidé el mercurio sobre la mesita de remedios y que la plata se acaba en pan y chain vuelve al trabajo remunerado en migas, no nos sigas diciendo la tarde frente al espejo de mil cabezas y teclas.chain no te disgregues como la primera enfermera con sus veteranos dolidos resentidos de esta guerra entre tus muslos. Ya nada nos salvará. hemos sentido a lo lejos el tronar de tu bomba, la que nos urdirá la venda en la herida.
chain anda a recorrer el pasillo de nosotros los enfermos de agonía.

Las mañanas muerden la vida. Comienza con la atmósfera azul / negra, cuando algunas ventanas lejanas encienden luces.
Soy silenciosa, de hábitos, camino sigilosamente por la casa, hago café, busco mi letra hasta que comienza a iluminar el nuevo día.
Salgo a la calle. Escribo. Esto escribo, aunque no se vea lo que hay bajo esta urgencia. Siempre la palabra, perdida en pájaros y árboles habitados que no quieren soltar alas y hacerla caer a mi boca, siempre esperando el turno de mi día. Hacer algo. Marcar cruces en la pared contra el tiempo, caminar hacia un punto tratando de hallar el mar. Sentándome en cada banco de mármol quebrado a ver las fuentes de agua que hacen perder el tiempo, ganar la mirada absorta.
Cerca de mis ancestros, entre mausoleos me muevo. Dejo flores en el pensamiento. Visito los pasillos sobre hiedra y nichos. pronto viene el atardecer, la hora del crepúsculo en las pupilas. Vuelvo en mareas de cuerpos al fuego, al abrazo, el vino y me encuentra la noche en el beso final, sin saber si el otro día será de nuevo el cantar del mundo

“Engominado y pulcro
penetro en las iglesias
altivamente cirio
con mi cara de hostia
dominguera”

Monedas / Armando Rubio
Antología Ganymides / 6

vivo al frente de una iglesia que respira todos los días por la nariz de una virgen alba y los domingos expira cuerpos arrepentidos de tanto YO sofocado.
Mientras en las mañanas ellos sobreviven la caña en bancos duros de madera, duros de cruz encerada, yo me siento con un café en un lugar de paso donde los camiones de Cocacola entran a cargar bencina.
Es como vivir en la carretera desde donde contemplo los rostros desfigurados de sol a la salida seca de la capilla perdida.
Aquí también se reúnen algunos sobrevivientes de drogas que toman redbull hasta llegar a la superficie y vagabundos que recogen con dignidad las migas que mi paloma coja deja olvidadas.
También escribo cartas de amor
al mismo tiempo
que una niña
se confiesa

no tanta realidad

Por ejemplo,
escribo en el carro del metro en movimiento solo para contradecir el mito de que necesitamos una lámpara, quizás un blues lo bastante decaído y una botella de algo para atraer al duende.
Tanta realidad asible.

Un carro del metro es un “cuarto propio” de voces confundidas con las mías  y el viento de un túnel veloz.

Los rostros no tienen realidad, jamás los veré de nuevo, sobre todo que no vivo en un hábito de horarios sincronizado con los de ellos.
De ser así, cerrarían su puerta y reja al mismo tiempo que yo lo haría todos los días, con mis cadenas y candados.

En tres estaciones ya evadí las costumbres de tanta realidad de viajeros subterráneos: uno que juega con su aparato parlante, otra que no para de hablarle a su interlocutora y la otra voz de hipnosis que nos advierte el viaje y su destino por un video tape.

tanta realidad

pero aquí, en mi pensamiento de recorridos, muero en posición fetal sobre el suelo del carro, por donde corren partículas de sombra hacia el paraíso y jamás aterrizaremos en estaciones donde bajarnos y todo esto fuera una procesión hacia el final del túnel a un nicho con flores y campos de luces.

 

 

 

Pelea | Sole Molina

 

La Celebración

Viniste un día normal.

Tomamos café y fumaste mucho.

 

Como de costumbre,

ibas matando las colillas.

 

Mirabas la borra,

la leías y decías cosas.

 

Eufórica y triste,

adivinabas la borra con una colilla muerta

.

Viniste un día borroso,

para ahogar a esas inmundas.

 

Matabas,

cuando se te ocurrió la gran idea,

[ la mesa era ya un cementerio cuando apareció mi pájaro triste, ]

y tú dijiste:

¡Ay, préstamelo!

 

Te llevaste un día normal.

Con él, mi normal melancolía.

 

[ Aquí quedaron tus cadáveres,

revolviendo un café fantasma. ]

La borra moribunda,

presagiaba una taxidermia.

 

Me hablaba de un juego negro.

¡Que insomne mi pájaro sería!.

[ Me hablaste de cabezas de chancho ]

Y yo comencé a adornar tu juego

con colillas secas que guardé,

como si fuesen cabezas alegóricas.

 

Hicimos una fiesta,

donde la estrella era un chancho oscuro y retorcido,

custodiado por el insomne triste.

 

Me dijiste que era un juego.

Entonces,

yo misma pinté las máscaras.

 

Y las colgué a cabezas

de gente muerta en el metro.

 

Nos reímos de esos muertos,

que al salir del carro,

se atropellaban sus cabezas nauseabundas

y sonreían con entusiasta nerviosismo.

[ Me llamaste a las 5 a.m.

Me dijiste que se había dormido triste.

Que lavara tu taza enseguida,

y eliminara toda evidencia.]

 

 

El menú de hoy

¿Qué tenía la carne?

[ Tu santa carne. ]

Me preguntaron,

cuando escalaba tu montaña húmeda

de pequeñas exuberancias primaverales.

[ Pienso en la carne que se apretaba contra las paredes de tu montaña añosa.]

¿Qué tenía el hueso?

[ Tu eterno hueso aflado. ]

Me preguntaron,

mientras recomponía mi carne mullida

de la noche que acabó en llanto amargo.

[ ¿Qué tenía esa montaña misteriosa en sus cavidades? ]

Pienso en tu monte montañoso,

añoso.

[ ¿Qué delicias me conducían a tus profundidades? ]

Erizado y contradictorio.

 

 

Ay, Gladys

Hago fguritas

con migajas de pan y piedrecillas

que recojo del camino polvoriento.

 

En el mismo camino,

paralelo a la ciudad,

voy dejando mis fguritas tiesas.

[ Y nosotras,

fguritas todas,

hacemos una procesión en silencio. ]

Mis tiesitas se humedecen

bajo el cielo abierto.

Quedan tiernas,

y amortiguan el murmullo grave

que del cerro cae en picada.

 

 

Tomando medidas

Estoy pensando,

en la chica que leía una poesía métrica,

[ muy métrica, ]

en la micro.

 

Estoy pensando,

en los encuentros de hoy

y las fotografías que tomé de ellas.

 

Estoy pensando,

en que construyen demasiadas carreteras.

 

Estoy pensando,

que podría dejar mi imagen en esta orilla,

en que nunca debí tomar asiento,

que escribo mejor si voy de pie

y serpenteando.

 

Estoy pensando,

en toda esa gente de hoy.

[ Si las reúno,

se podrían asfaltar otras carreteras,

con todas ellas.]

Que la opresión de aquellos sufridos oprimidos,

[ que me oprimen en mi asiento, ]

durará todo el trayecto.

 

Estoy pensando,

en que esta carretera evade todas las ciudades.

 

De un lado puebleríos,

y del otro,

todas mudas y vacías.

 

Estoy pensando,

en que esta carretera,

no es sino una vena

[ acaso importante ]

de la ciudad acostalada.

 

Estoy pensando,

en la cemencracia inhumana de esta situación.

 

Que no resisto un caserío más,

ni más luces parpadeando.

 

Ni la nausea de ver,

a esos niños correteando por las pasarelas.

[ Dicen que lanzan piedras.]

Ni las gentes arreboladas en sus ventanucas.

 

Cada esquina se me clava.

Me inunda.

Me cohíbe.

Me arrebata.

Me extenúa.

 

Cada esquina,

se me clava corrosiva,

nauseabunda.

[ Alivio de vallas verdes al costado. ]

Estoy pensando,

en que es demasiado el cemento que han instalado,

demasiada política cementada.

Que todo ese peso,

es el peso de un sólo día.

 

Lo que no pensaba,

es que al terminar la carretera,

extrañaría las esquinas sucias,

[ la gente en sus ventanas

y las crías correteando. ]

Caminaría solitaria por calles estrechas

y pisaría caca de perro.

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