Ansiedad y angustia en el pensamiento moderno
Por Unai Makua D’Etcheverry
Afirmar que el arte siempre ha sido la percepción sutil de los derechos fundamentales, la voz que habla desde las profundidades de la verdad esencial, no es del todo una afirmación incontestable, pero lo que fue un escándalo en su momento, Madame Bovary “símbolo del adulterio” paso a ser un lugar común en la literatura de la segunda mitad del siglo XIX; igual que mis afirmaciones anteriores. La referencia a Madame Bovary no es ingenua en este texto, no es tan sólo un tema que en su momento influenció a otros escritores. Más que todo eso, es la forma magistral como el autor la escribió y determinó un siglo de literatura.
Pero más allá de que son necesarios muchos años para que a una obra se le de la importancia y relevancia que se merece (una relevancia más allá de su época), la verdad es que el libro de Flaubert, aún más allá de su perfección “formal”, revela toda una interrupción en las relaciones familiares, una conducta social, una desestructuración de los cánones sociales hasta ahí vigentes, y como resultado de eso, superando la forma, se establece la primacía de un género literario consecuentemente fuera de la vida sensorial y el relevo especial que se le ha dado a este concepto inquietante y determinante de la “literatura” de la época que sólo entonces se determina.
Madame Bovary hace “historia” al ordenar la externalidad y los valores estéticos intencionales. Comprender cómo la angustia es el centro y el motivo de la literatura existencial no tiene porque estar más presente en los autores que aceptan la designación de “existencialistas” que en otros para los cuales el concepto es desconocido.
Llamarle a alguien “existencialista” es pervertir la exterioridad y la mundaniedad – al menos formalmente – más que una “teoría” el existencialismo debería ser una experiencia profunda. A veces, los mejores representantes de esta “teoría”son previos al momento de su formulación teórica y al momento en que se presentó como corriente del pensamiento.
El más reconocido escritor existencialista fue Dostoievski, que se anticipó muchos años al existencialismo, lo mismo podríamos afirmar de Sófocles, recordando que para algunos, todo quedo dicho por los griegos.No es casualidad que Dostoievski fuera aceptado en Francia a principios de siglo, cuando su obra era apenas conocida. Como no es casualidad que cuando por fin aceptado, se lee en clave de novelista social, le llamaban el escritor de la miseria o en plan psicologista el de la psicología anormal.
La “tragedia”, la “profundidad” , lo no superficial, la negación, lo que los freudianos franceses definen por denegación. Hay un postulado de la negación de lo que sea y la negación sutil e implícita de esta negación, es decir, la declaración de lo que se niega. La nueva novela, niega la angustia, usando una forma enrevesada, casi diagonal de afirmarla.Cuando alguien nos dice que no nos quiere ofender – subraya Freud – es que seguramente lo que en verdad quiere hacer. Pero la “nueva novela” afirma, sin lugar a duda la angustia, de la misma forma que los que reniegan al terror se fugan de él. Igual que el que afirma “que dios me libre de ser ateo”.
Michel Foucault, en su libro “La Naissance de la Clinique”, nos dice que la muerte fundamenta todo el discurso científico y que la cultura moderna no sería posible sin ella. Foucault inventa una especie de “negación” que se opone formalmente a la denegación freudiana, que es algo como negar la luz del sol y bajar los ojos porque le molesta.
Nosotros no inventamos desde la nada nuestros problemas, nos encontramos con ellos y tenemos para con ellos actitudes problemáticas o un pensamiento problemático. De la misma forma que expresar la emoción de acuerdo con un pensamiento problemático es un acto artístico y reflejar la vida presente y futura es un acto filosófico como posicionamiento a ese pensamiento problemático.
La ansiedad es sin duda un fenómeno específicamente moderno, pero la forma como se presenta es antigua, las mismas formas con que se manifiesta el malestar que apunta.También podemos referir al desencanto inmediato con todo lo que se ha logrado y partir hacia una nueva conquista: hoy lo podríamos ilustrar con la conducta del conquistador, que luego de conquistar parte a nueva conquista.
La angustia en Schopenhauer, un pensamiento basado en el “pesimismo”, resultado de la certeza de que cada deseo satisfecho no es doloroso y el que aún está por satisfacer, trae el desencanto y la desilusión.
Pero es Hegel que preconiza la inquietud del siglo XX, ansiedad y angustia en alternativa al sentimiento de aburrimiento y pesimismo de Schopenhauer. En Hegel la historia se identifica con la dolorosa marcha hacia ese horizonte “el absoluto”. La búsqueda incesante de éste, fue el destino que Hegel preconizó al hombre moderno, la “conciencia infeliz”, lo doloroso de las contradicciones, que permanece hasta que se anulen.
Sobre el autor:
Unai Makua D’Etcheverry.
Imagen: © Pedro Molina



